Prueba 3

El CISE entrevista a la Dra. Fanny Añaños. Profesora e investigadora del Departamento de Pedagogía de la Universidad de Granada (España).  Doctora en Pedagogía (Universidad de Granada), Máster en Derechos y Necesidades de la Infancia (Universidad Autónoma de Madrid) y experta en prevención de drogodependencias.

¿Cómo llegas desde tu formación como educadora a desarrollar los temas de investigación que estás trabajando actualmente relacionados a la educación para la igualdad, educación para la paz, interculturalidad, medio penitenciario?

Soy educadora infantil, los temas de infancia siempre me han llamado la atención. Tuve la suerte de hacer el posgrado en el extranjero, en España, ahí empecé a trabajar derechos y necesidades de la infancia como parte complementaria de esa formación que estaba deseando tener. Luego,  ya en el doctorado, empecé a trabajar lo que es pedagogía social también con la infancia. Trabajando estos temas, encuentro la educación social y me encamino hacia esa pedagogía social de determinados grupos— en este caso de riesgo, de vulnerabilidad infantil. Empecé a trabajar desde esa perspectiva para ver el enfoque educativo que se estaba haciendo en los centros de protección a niños y menores maltratados o abandonados.

Esta investigación fue muy amplia y sorprendente, porque encontré en el fenómeno de las drogas un factor determinante que empezó a incidir en mi trabajo de investigación. Gran parte de los niños y niñas abandonados o residentes en la institución de protección tenían como origen un problema de adicción enorme en las madres o su entorno social y familiar no era el adecuado para albergar a ese niño. El factor lo encontraba en más de la mitad de la población estudiada así que me planteé estudiarlo en mi tesis. A raíz de esa ampliación, empiezo a trabajar sobre adicciones y los problemas sociales asociados a ellas. Posteriormente, en la carrera universitaria, me encuentro con la población penitenciaria, porque frecuentemente esta población adicta termina en prisión o tiene problemas relacionados a la delictividad. Son situaciones y contextos muy interconectados. La dinámica social es tan amplia que es muy difícil sesgar un pequeño aspecto, ya sea una población o una situación, porque está muy interaccionada.

De esta manera, se definen las líneas de investigación que he trabajado o estoy trabajando. Obviamente, la perspectiva de género siempre ha estado ahí, porque la situación en la trayectoria de vida tanto de hombres como de mujeres varían en función de su condición de hombre o de mujer. La forma cómo se afronta, cómo se piensa, cómo se asume y cómo se evoluciona es muy diferente. Entonces, ¿por qué la educación social? Porque es el espacio que me ofrece entender la realidad, analizar, investigar y, al mismo tiempo, responder, no solamente describir y quedarme en el dato, sino enfocarme en el qué hacer.

Esta es una de las características fundamentales de la pedagogía social y es algo tan apasionante que he decidido dedicarme a estos espacios que hablan del hecho educativo pero con una mirada social o viceversa, es decir, fenómenos sociales, situaciones, contextos o poblaciones desde un enfoque socioeducativo. Cada contexto tiene sus problemas, no se puede homogeneizar. Se pueden determinar principios generales, características para describir grupos, pero es el contexto el que plantea cuál es la pedagogía y la educación que tenemos que trabajar en esa situación y con esa población.

¿Cómo se produce la interacción de lo social y educativo?

La educación social busca la promoción de las personas. Lo que caracteriza a la pedagogía social es su fenómeno transformador, es decir, la acción educativa para lograr ese cambio. No solamente es hablar sobre el fenómeno o la situación, sea de carácter negativo y problemático o de carácter positivo y más bien dinamizador, sino buscar dentro de los mecanismos para identificar todo tipo de elementos que están condicionando, favoreciendo o limitando el hecho en sí a partir de las cuales las personas van a proponer su propio cambio. La educación social va a ser el eje de ese cambio. La pedagogía social es toda la parte teórica, epistemológica, científica y metodológica. La educación social seria la parte  práctica profesional, la acción en definitiva. Es un mismo hecho con dos vertientes, la teórica y la práctica,  que se retroalimentan. Desde esa perspectiva, se plantea que la educación no puede estar al margen de lo que pase en la sociedad. No se puede hacer un discurso cuando la realidad es otra, y esta mirada se plantea necesaria dentro de la escuela, y dentro de todos los campos que hay en la educación y en la pedagogía social. A veces parece que los docentes miramos a otra parte, solo nos importan los objetivos, los contenidos curriculares, las tareas, las evaluaciones y todo lo que conforma el hecho educativo formal.

Obviamente, eso es parte de nuestra meta del sistema. Pero no se puede negar que también ese niño o niña tiene una familia y  un contexto que va a traer y  va a reflejar en el aula: fenómenos de violencia, bullying, adicciones, relaciones problemáticas en general, que van a estar en la escuela y van a incidir en su convivencia y en su rendimiento. Eso nos afecta como docentes. Sin embargo, los que carecen de esta formación no saben derivar. Aprenden a resolver los problemas o afrontar esas situaciones de forma casi improvisada o de acuerdo a las recetas que pueden haber en el centro educativo, pero no es un trabajo profesional.

En la Universidad de Granada tenemos la educación social como formación, es decir, una titulación de grado como educadores sociales. La legislación española sobre todo al sur, en Andalucía, tiene contemplado educadores sociales en el marco escolar. Es una plaza más dentro de las escuelas. Los educadores sociales se desempeñan prácticamente como asesores y coordinadores, y los maestros recurren a ellos. Sin embargo, son absolutamente insuficientes, porque en algunos sitios hay un educador social para tres o cuatro colegios. Eso desborda. Los educadores sociales son responsables de los programas que tratan el abandono escolar, rendimiento, problemas de bullying o de relaciones.

“No podemos obviar que los alumnos tienen una vida y un contexto social, y que cuando ellos vienen a clase, esa vida y ese contexto social están en clase”.

¿Los educadores sociales trabajan estos problemas vinculándolos a su contexto?

Claro, está el vínculo, el nexo, el canal de comunicación de dentro y fuera y, además, hacen visitas familiares, coordinaciones con otras instituciones y  centros dependiendo de los casos. Si hay un tema de malos tratos, son los que se encargan de hacer los informes, comunicarse  con servicios sociales, hacer las entrevistas con las familias o con la policía; lo que haga falta en función de los casos.

Pero están dentro de la escuela y, aunque no haya situaciones tan problematizadas, pues, en general, la mayoría de los centros son normalizados, dependiendo también de los barrios donde estén ubicados, unos pueden  ser mucho más problemáticos que otros. Por lo general, la pauta es de normalización por pequeños  problemas que se sobrellevan con un plan de convivencia que se llama el Programa de Convivencia Escolar.

¿El Programa de Convivencia Escolar está a cargo del educador social?

No necesariamente, pero por lo menos lo coordina o lo asesora dependiendo también del tamaño del centro. En general, son los que están ahí coordinando esas acciones y la puesta en marcha de ellos. Siempre es insuficiente, porque se ven desbordados por tan poca cobertura a tanta población que tienen. Este es el trabajo de los educadores sociales en el marco escolar. La educación social, por el peso histórico que ha tenido, ha estado siempre fuera de la escuela.

¿Se puede decir que es en una etapa más reciente que el/la educador(a) social llega a la escuela?

Sí, porque la pedagogía social tiene una existencia de más de 100 años. Se ha dedicado a la intervención en procesos de cambios.

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¿Cuál es el inicio de la pedagogía social?

Tradicionalmente, nace de ese cuestionamiento del hecho educativo pero con una mirada social. Sobre todo en épocas de crisis que es cuando emergen estas corrientes pedagógicas de los movimientos sociales pedagógicos en 1800. Hay la necesidad de ver la realidad desde la educación porque la educación no está respondiendo a esos parámetros, solamente está dirigida a lo netamente escolar. En sus inicios la pedagogía social se ubica fuera de la escuela porque supone que el hecho educativo está en los centros escolares. Se plantea salir de la escuela para ir  a la familia y al contexto. Ese fue su inicio desde una mirada más comunitaria. Luego, deriva a intervenciones mucho más específicas porque las situaciones, los momentos, la población, lo requería y era urgente intervenir de una manera específica. Tal vez esta segunda perspectiva es la que ha primado a lo largo de toda la historia de la pedagogía social, porque las necesidades se han priorizado por encima de otras. Sin embargo, ambas dimensiones son propias de la pedagogía social: tanto la perspectiva normalizada de ese dinamismo, de esa promoción social, como también de atender situaciones más lacerantes de la sociedad. Todo esto manteniendo la mirada siempre educativa, porque obviamente esa persona siente, tiene circunstancias. No es un trabajo social, no es un trabajo sociológico, es un proceso de cambio educativo.

La educación social guía, pero siendo la persona consciente de su cambio y desde su voluntad. Tenemos grandes pedagogos sociales en América Latina. Algo que se desarrolló mucho aquí en América del Sur es la pedagogía de la teoría crítica encabezada por Freire. Es pedagogía social, pero aquí se denomina educación popular. Esta es la parte práctica, es la intervención en determinados colectivos, sobre todo en comunidades campesinas o comunidades en general. Principalmente, se ha trabajado con población adulta, alfabetización, lo que se necesitaba de manera más urgente en aquel momento. Se ha hecho muchas intervenciones en sitios que, luego con los años, se ha sistematizado. Se ha recopilado el aparataje metodológico que muchas veces han sido experimentales.

Existen corrientes dentro de la misma pedagogía social, no podemos hablar de una única. Los campos y los espacios, tanto de estudio como de intervención, son flexibles al contexto, pues dentro de la misma pedagogía hay muchas formas de entender estos procesos de cambios.

“Confío que, de aquí a unos años, podamos contar con este tipo de profesionales, porque en Perú no hay una titulación específica en educación social”.

En nuestro medio no hay una formación para educador social y menos la presencia de un educador social que cumpla ese rol en la escuela. Pero sí es un rol que muchos docentes realizan.

Claro, de hecho muchos docentes seguramente lo hacen sin saber que están haciendo educación social, tal vez lo que les falta es más formación, más elementos, más herramientas para hacerlo, para ser más eficaces, para responder mejor a los retos y problemas que hay o simplemente para dinamizar su clase. A veces la corriente lleva al docente a ver lo negativo y atender a lo que está llamando más la atención.

En una escuela promedio se pueden encontrar eventos de violencia relacionados a temas de género, violencia familiar. A los  niños no se les quita la mochila de violencia en la puerta, la llevan todo el tiempo. Son temas que, muchas veces, los mismos maestros no saben cómo tratar, y que se escapa incluso de los sistemas de disciplina de las propias escuelas y del sistema educativo en general. Es todo un reto que debería incluir en la formación de los docentes. ¿Cómo crees que debería incluirse?

Creo que una forma de paliar, por lo menos la falta de estos profesionales en estos contextos, está empezando a emerger desde algunas experiencias, pero a nivel de posgrado, no como formación básica. En España y Europa es la formación que más acogida tiene dentro del campo educativo, con más postulantes. Tiene más demanda y más campo laboral, porque no solo está circunscrito a su campo de la escuela sino está en todo el espacio exterior.

Confío que, de aquí a unos años, podamos contar con este tipo de profesionales, porque en Perú no hay una titulación específica en educación social.