El concepto de «Educación a Distancia» ha variado claramente en los últimos dos años. Desde una no presencia total hemos pasado a las posibilidades de tener presencia virtual y en muchas ocasiones esa «presencia» disminuye la distancia. En las nuevas condiciones de la educación a distancia. Se busca potenciar la comunicación e interacción entre los componentes del sistema.

Educar a distancia implica sobre todo un conjunto de interacciones didácticas que se presentan entre docentes y estudiantes o estudiantes entre sí. Se trata de un proceso de comunicación mediada en diferentes lugares y tiempos que contribuye a la construcción de conocimiento.

El estudio a distancia presenta ventajas para la formación permanente, pues ofrece las condiciones para que cada participante pueda organizar con libertad y flexibilidad el tiempo y espacio dedicado al estudio, y realizar paralelamente sus actividades laborales, profesionales, familiares, etc.

Sin embargo, el estudiante no siempre está identificado ni ha desarrollado las habilidades necesarias para enfrentarse a este nuevo sistema de enseñanza y aprendizaje. Posee experiencias y aprendizajes previos, que en ocasiones tendrá que «desaprender» para aprender nuevos procedimientos y estrategias que le permitan desempeñarse con éxito ante las nuevas condiciones de aprendizaje a distancia.

Estudiar a distancia supone así un aprendizaje paralelo de procesos de autorregulación de la actividad mental y afectiva de los componentes más directamente relacionados con el estudio. En este sentido se hace indispensable el uso consciente e intencional de estrategias para aprender a aprender en las condiciones y demandas específicas de esta modalidad.