El maestro debe asumir una posición crítica frente a los textos que le ofrece el mercado y dedicar algún tiempo a tomar una decisión que lo acompañará a lo largo de uno, dos o más años. De los mecanismos que utilice para hacer una elección lo más libre y profesional posible, los beneficiados serán los estudiantes, el docente mismo y la calidad de la educación. La investigación ha mostrado que hay una correlación directa entre el uso del texto escolar y resultados académicos positivos, también debe existir entre la calidad de los textos adoptados y usados y la calidad de los resultados obtenidos (Martínez Bonafé 1992)

Como fruto de una investigación explorativa realizada a docente de diferentes colegios y escuelas, se levantó información valiosa acerca de la importancia que revisten los textos escolares en los procesos de enseñanza y de aprendizaje, la valoración que se tiene de ellos como herramienta fundamental para la medición entre el docente, el contenido y la acción constructiva del estudiante, y cómo estos son, a su vez, una primera e importante concreción del currículum y, por tanto, orientadores de la actividad escolar.

A partir de la información recogida se diseñó un instrumento de evaluación de textos escolares situándolos desde la perspectiva del constructivismo, que fuese una herramienta útil para nosotros los docentes, en la obtención de la información necesaria para elegirlos con criterios de pertenencia pedagógica.

El estudiante es y debe ser el centro del proceso de aprendizaje, ya que es él quien elabora una presentación personal del contenido y lo reorganiza, es decir, construye y atribuye sentido: aprende. Por lo tanto, el docente en su labor educativa mediadora debe asumir con compromiso y responsabilidad las elecciones que tome sobre los materiales curriculares para que efectivamente ocurra el aprendizaje. La aplicación de un instrumento de evaluación como el que se propone, es uno de los caminos para profesionalizar aún más el trabajo pedagógico.